Historias Inéditas…CONTINUACIÓN….METAS, tu mayor fuente de energía»

Me quedé allí, paralizado, sin saber si aquello que me ofrecía Ilusión verdaderamente sería la cura de mi enfermedad, y encontraría la felicidad y la libertad o si, por el contrario, acabaría siendo el final de mis días, ya que sus palabras estaban llenas de una incertidumbre amenazante.

El desenlace…

Al otro lado de la puerta una brisa de libertad me animaba a salir.

Al mismo tiempo, el miedo anclaba mis pies a la tierra, la tierra de la zona interior…

Vinieron a mi mente recuerdos. No siempre había estado enfermo, hubo momentos de mucha felicidad allí dentro, y pensé que quizás pudiera volver a alcanzarla.

Pero solo con mirar a Ilusión encontré la respuesta, ella era feliz allí, sonreía, como yo hacía tiempo y a mi mente regresó la imagen de aquel anciano que, muy al contrario que ella, mostraba un rostro deprimido, consumido por el sufrimiento, por el desgaste de una enfermedad incurable pese a la medicación.

Y cuando el dolor que me producía esta imagen llegó a mi corazón, me sorprendí caminando hacia la puerta, hacia el vacío exterior.

Retomé la conciencia que me había quitado el miedo cuando escuché tras de mí el cerrar de la puerta.

Y cuando el dolor que me producía esta imagen llegó a mi corazón, me sorprendí caminando hacia la puerta, hacia el vacío exterior.

Me giré rápidamente y la empujé con ambas manos.

La inseguridad me abatía y, derrumbado, con lágrimas de terror quedé arrodillado frente a ella, al otro lado del muro, en la zona exterior, en la zona del miedo.

Al girarme el pánico y la sensación de derrota fue aún peor.

No había sitio donde ir, ni camino que guiase mis pasos, ni señales de otros que como yo hubieran salido antes.

Ante mí, un gran prado verde, algunos árboles y montañas, era lo único que podía divisar desde aquel lugar.

El instinto…

Algo me decía que no podía estar todo perdido, que, al igual que yo, otros muchos habrían salido antes, si no, ¿qué sentido tendría esa puerta?

Así que, con fe y esperanza, algo que había llenado mis días de dolor allí dentro, comencé a caminar.

Sorprendentemente no tardé mucho en descubrir una pista, una señal que parecía indicar que por allí había pasado un ser humano antes que yo…

Atado a un pequeño arbusto un trozo de tela verde descolorido por el paso del tiempo destacaba de entre el resto de naturaleza que lo rodeaba. Lo desaté, y con él en la mano miré y miré a mi alrededor.

¿Quién habría podido dejar eso allí?

¿Qué señal era aquella al otro lado del muro?

Mi corazón latía con la misma fuerza que lo hizo cuando Ilusión me mostraba la salida hacía poco más de una hora. Pero aún lo hizo más rápido cuando a unos veinte metros descubrí otro trozo de tela y corrí hacia ella.

Aquello no podía ser casualidad, era una indicación, era una forma de comunicación, estaba convencido de ello.

Lo desanudé y entre mis manos sentí que tenía mi salvación…

No me equivoqué.

Veintitrés retales más tarde, y poco antes de caer la noche, una luz artificial en el horizonte hizo que comenzara a llorar, a llorar de alegría, de ilusión, de agradecimiento.

Mis días no estaban acabados, allí fuera, había algo más.

Conforme me acercaba, descubrí que se trataba de una gran casa de madera, en medio de la nada, junto a un pequeño riachuelo que me había acompañado durante todo el camino y, bajo la pequeña lámpara de la entrada, una puerta entreabierta.

Me acerqué y comencé a saludar, a avisar de mi presencia al interior de la casa. — ¡Hola!, ¿hay alguien?, ¡hola!

Pero no obtuve respuesta, parecía que en aquel momento no hubiese nadie en su interior.

Me atreví a entrar, a empujar la puerta y descubrir una sala oscura alumbrada solo por la iluminación exterior.

Cuando mis pupilas se adaptaron a la falta de luz descubrí que la sala estaba vacía, y lo más extraño, no había indicios de vida humana en esa casa.

Una pequeña cama en un lado, junto a una mesa, y una silla en otro, era el único mobiliario de aquella estancia, pero incomprensiblemente, todo estaba limpio y cuidado.

Felicidad y libertad…

Era evidente que alguien había estado allí. Alguien cuidó el orden y la limpieza de aquello, muy probablemente ese mismo día.

No entendía nada, hasta que al acercarme a la mesa descubrí que sobre ella había algo, un papel, un viejo y carcomido papel que, al contrario del resto de la sala, sí parecía haber sufrido por el paso del tiempo.

Lo cogí con cuidado y al comprobar que tenía algo escrito salí a buscar la luz para leerlo.

“Ya estás a salvo. Si estás leyendo esto es porque las metas te trajeron aquí y nada ni nadie te hará volver. Tú ya eres otra persona, lo eras desde mucho antes de salir de la zona interior.

Pero ahora comenzarás a vivir una nueva vida, nuevas experiencias que te permitirán descubrir la grandeza del ser humano.

Las infinitas posibilidades que se plantean a los que, como tú, afectado por metas, se atrevieron a soñar, a buscar más allá, para encontrar que, en ellas, en el deseo de alcanzar sueños, se hayan las mayores satisfacciones del ser humano.

Has llegado a un lugar muy distinto del que saliste, muy pronto lo descubrirás, descansa.

En unas horas como cada mañana, dos compañeras irán a la casa, pero esta vez no volverán solas, te traerán a ti, un nuevo soñad@r.

Debes saber que te llevarán a una nueva vida, la que siempre deseaste, la que te mereces.

Las encargadas de recogerte serán Felicidad y Libertad.

Comienza la vida que siempre soñaste, la que viniste a vivir.

Sólo te animo a algo: jamás desees curarte de metas, porque esta enfermedad, aquí, al otro lado, es TU MAYOR FUENTE DE ENERGÍA.

Bienvenid@ a tu nueva vida.”

…jamás desees curarte de metas, porque esta enfermedad, aquí, al otro lado, es TU MAYOR FUENTE DE ENERGÍA

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